¿Donde esta mi sillita? – parte uno

Ella se sentó frente a mi y , con voz apagada y contenida, comenzó a relatarme “Al escucharlo hablar a uds”, recordé algo de mi infancia. Hasta hoy lo tenía olvidado. Me sorprendío la intensidad de los sentimientos que estallaron en mi cuerpo a medida que estas imágenes tan lejanas se hicieron mas y mas claras en mi mente”

“Ahora estoy realmente asustada y conmocionada.  Hoy yo soy madre y temo por el dolor que pude haber provocado en mis hijos sin siquiera darme cuenta, HOy reconozco el tremendo impacto que puede causar en un niño una experiencia que puede ser apenas molesta para un adulto pero de consecuencias devastadoras para la exquisita sensibilidad de un niño”

Recuerdo que estaba sentada en un tren, y frente a mi estaba mi madre, Mis hermanos habían quedado en casa. El trayecto, hasta lo que ahora sé que era la estación constitución, fue en silencio. Un opresivo, desacostumbrado y pesado silencio.

Ya antes me habían explicado lo que iba a pasar y yo lo acepté, pero ahora que realmente estaba sucediendo, me daba cuenta que era mucho más doloroso y desgarrador que lo que imaginé cuando me lo contaron. Estaba comprendiendo que uno no es an fuerte como pretende serlo.

El de mi madre era un ominoso y funesto silencioso que mantenía, como avergonzada y culpable. Yo trataba de romperlo buscando su mirada, pero en sus ojos me esquivaban permanentemente huyendo hacia la ventanilla, sin encontrarse nunca con los míos.

El bolso que ella llevaba agarrado fuertemente a su lado, y contenía casi todas mis pertenencias, era la materialización de algo terrible que pensaba que nunca pasaría. Pero allí estaba ese bolso, un objeto inerte que más se parecía a un pequeño ataúd que transportaba todos mis sueños de niña.

Mis padres estaban pasando un muy mal momento económico y ya no podían pagar el alquiler de la pequeña casa. A mi me tocaba, por ser la mayor de cuatro hermanos, y la única mujer, ir a vivir un tiempo a la casa de un familiar casi desconocido para mi.

Estoy parada frente a una señora que sonríe nerviosamente y me mira con la misma intriga con que yo la miro. LA había visto algunas veces en casa, mi madre me la presentó, ” Esta es tu tía lidia”, la hermana del tío José , vas a tener que quedarte un tiempo con ellos, Papá y yo te vendremos a visitar, yo escuchaba todo eso y asentía mansamente con la cabeza, mientras con mis ojos le rogaba a mamá que ya era demasiado para mi pequeño corazón , que me llevara de regreso con ella.

Mi tia estaba con tenta y trataba de animarme con su inexperiencia y su mejor voluntad, pero cuando me mmama se fue me aterroricé, Un terrible sentimiento de abandono y desamparo me invadió. Sin embargo, contuve mi llanto. Que extraño, ahora reparo en el hecho que ya desde niña aprendí a contener el llanto, a contener mis sentimientos. Con mis apenas seis años ya sabía hacerlo.

¿Que iba a ser de mi vida? ¿Que iba a pasar conmigo? ¿Tenía que olvidar a mis hermanos y mis padres? ¿No los vería nunca más? Esa noche, acostada en una camita provisoria que me hicieron en el inmenso comedor lloré silenciosamente hasta que el sueño me vencio, al día siguiente al despertarme no fue fácil para mi encontrarme nuevamente con esa realidad. Me faltaba todo, mis hermanos, mis papás, los juegos, las tareas con las que ayudaba a mamá.

No sé cuantos días pasaron hasta que terminé por aceptar y comprender que tenía que aprender a sobrevivir lo mejor posible, Es así que a mis  seis años comencé a construir otro mundo nuevo en ese universo tan extraño para mi, era otras personas, un mundo de personas grandes y extrañas, con el tiempo todos nos encariñamos mucho, El que más me demostraba su cariño era el tío Jorge, el marido de la tía Lidia.

En una oportunidad me confesó que tenía hijitas de un matrimonio anterior a las que no veía porque la madre de ellas no se la permitía. Lo pude comprender, él también era un abandonado. A mis seis años ya era capaz de entender el sufrimiento de los adultos.

Su aflicción me conmovió y me apenó mucho porque él era  bueno y cariñoso, siempre me escucha con atención y jugaba conmigo.

Muchas veces me defendía cuando mi tía me ponía en penitencia, ella era un poco autoritaria pero también era una buena mujer y me llevaba a todos lados, me contaba muchas cosas y muchas veces me hablaba como si yo fuera una niña mucho más grande.

Con el tiempo descubrí que mis tíos no se llevaban bien y algo tenía que ver la amargura de mi tía que no podía tener hijos, mis tíos habían convencido a mis padres, acuciados por la necesidad de encontrar un nuevo lugar para vivir, que me dejaran viviendo con ellos en calidad de “préstamo” como un intento de salvar la pareja y consolar a la tia en su fallida maternidad. ..

Continuará….

 

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